
Fuente: Patricia della Giovampaola
Desde las fiestas y soirées más glamorosas al cuento de cómo, pudiendo comprar directamente de chez Lanvin o Versace, elige hacer en la fila desde el alba en el helado invierno parisino para llevarse algo de sus colaboraciones con H&M.

Haciendo la cola para conocer la colección de Versace para H&M | Fuente: Patricia della Giovampaola

Finalmente, sus compras | Fuente: Patricia della Giovampaola
Así se suceden, cual inverosímiles cuentos de hadas, las anécdotas que no con poca gracia relata en su blog la socialité y ex modelo ítalo-argentina Patricia della Giovampaola. Si bien la mayoría de los uruguayos la recuerda en su rol de conducción de “Verano del” u otro de los programas de agenda estival, lo cierto es que, luego de su matrimonio con el fallecido príncipe Rodrigo D’Arenberg ha pasado a ser uno de esos nombres ineludibles en las listas más exclusivas de eventos del jet-set (nunca mejor aplicada expresión) internacional.

Con un vestido de Lanvin en la Revista Mustique | Fuente: Patricia della Giovampaola

El look de Patricia, con chaqueta Balmain, en una fiesta del Grupo Mass+ | Fuente: Patricia della Giovampaola

Una de sus tantas carteras Hermès | Fuente: Patricia della Giovampaola
Llegamos a este blog gracias a Adela Dubra, que se encargó de presentárnoslos hace más de un año como un fenómeno curioso y atractivo, con ese imán de entre fascinación y vergüencita ajena que nos genera un reality o una revista de chimentos. Eso sí, una muy chic: a través de su blog, Patricia della Giovampaola nos permite acceder a un universo al que por lo general solamente tienen cabida seres de su misma especie. Que además no pertenecen (aunque a veces coincidan) al chabacano mundo de los “famosos” argentinos, ni tampoco al star set hollywoodense. Ella es invitada a desfiles de alta costura, a las fiestas del filósofo galo Bernard-Henri Lévy, a galas benéficas, a funciones especiales de ópera y a las cenas de Amigos de los museos.

Patricia en una cena para Amigos de los Museos | Fuente: Patricia della Giovampaola

Asistiendo a la exposición privada de las joyas de Elizabeth Taylor | Fuente: Patricia della Giovampaola

Invitada de honor en el último desfile de Jean Paul Gaultier | Fuente: Patricia della Giovampaola
Se trata de un jet set más classe, como dicen los franceses, con incursiones intelectuales y abundante buen gusto. Y, si bien es su base, la agenda no se limita a París: gracias a su blog (y no a Gente y Caras, thank you very much) podemos conocer su ajetreado trayecto de Grecia a Ibiza, que continúa en Marruecos como huésped de quienes hoy son dueños de la mítica casa Getty, rebota en París, llega a Buenos Aires para una gala de Unicef y luego se instala en St. Barth.

Vestida de Roberto Cavalli en la Cena de Gala a beneficio de Unicef | Fuente: Patricia della Giovampaola

En París, ciudad en la que reside | Fuente: Patricia della Giovampaola
No solo se trata de mostrar destinos y vestidos, sino que además Patricia aconseja: sobre moda, sobre modales, sobre costumbres. Estos consejos vienen de años de experiencia pero también de una persona que parece vivir por y para su imagen: en un post reciente, confesó que volvió a comer pizza en un evento este verano luego de casi 10 años de no probarla (!). De hecho, aconseja por ejemplo siempre ir cenado a una fiesta, y tampoco beber alcohol en exceso.
Ya sea como estudio antropológico de una de las tantas fragmentadas realidades de este mundo, o por la curiosidad de ser espectador de primera fila de su vida, vale la pena darse una vuelta y conocer las crónicas de esta experimentada dama.
El blog de Patricia della Giovampaola: http://patriciadellagiovampaola.blogspot.com/

Adoro a estos personajes sin estirpe que laboran un discurso del refinamiento. Seguramente por eso siempre me encantaron las crónicas de Truman Capote sobre el universo en que estos personajes se mueven y luchan por dejar su marca en base a todo tipo de sacrificios (una cola a la madrugada para comprar ropa más barata o no comer pizza durante diez años). Me encanta el blog y por supuesto sus fotos y la producción de las mismas. Es una mujer que adquirió una libertad interesante al enviudar y pudo construir una imagen mucho más allá de lo que es culturalmente. Es artificio, pero hay que reconocerle el trabajo. Buen trabajo Patty.
Pepi, qué buen comentario y aporte, es un honor. Me acordé mucho de cronistas como Capote o Sir Cecil Beaton, alimentados por estos personajes que parecen tenerlo todo pero que muchas veces dejan sangre, sudor y lágrimas en el intento.
¡Gracias por comentar!
hola! acabo de descubrir blogcouture y me encanta! combinan todo lo que me gusta arte, moda musica!
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Hola Karo, qué genial, bienvenida a bordo entonces! Te esperamos siempre por aquí :)
Pepi, qué comentario más acertado!
Al igual que Caro, acabo de descubrir este blog (revisando los comentarios del blog de Patricia, justamente, jajaj). Muy bueno, por cierto. Saludos!!
Hola ! También acabo de descubrir vuestro blog y me ha encantado :D
Me voy a quedar todo el domingo leyendo los post antiguos.
Saludos desde Chile <3
no puedo parar de leer el blog de patricia della giovampaola!
me tiene completamente fascinada con sus posts y consejos!
no se puede negar su experiencia y el estilazo que lleva!
gracias por compartirlo con nosotros! :)
nat!
lo que tampoco tiene desperdicio son sus consejos de belleza!
patriciadellagiovampaolabeauty.blogspot.com
Genial! Ahí voy. Besos
buen post y lo de pepi brillante. gracias por la cita Natalia! Adelante Blogcouture!
Hola Natalia: me parece muy interesante tu blog y éste en especial…
Sigo al blog de Patricia con fanatismo pues me parece una forma grata de conocer “ese mundo” lejano a que en esta vida no tengo acceso…
Estoy de acuerdo contigo y con el comentario de Pepi… que quizás me suena peyorativo decir “sin estirpe” pero la verdad que debemos reconocer que la Sra ha hecho un trabajo formidable para ser y lucir como una “upper class lady”.
Adelante con el blog!
Pregunto cómo conseguiste sus fotos pues la calidad es extraordinaria (mucho mejor que en su blog)… ella lo leyó?
Au revoir,
Martín Ramos